Tomado de su homilía en la Eucaristía de Inauguración del segundo semestre smnsj, en fecha 23/07/2011
1. Dar gracias a Dios por la vida y la vocación
El Pbro. Nicolás comenzó su reflexión recordando que a horas 18:30 comenzaba la ceremonia de la ordenación, junto a seis hermanos, por lo que afirmó: “quiero agradecer a Dios por el don de la vocación, que no es algo que nos pertenece, sino que es algo que Dios confirma”. Y continuó “de seminarista, muchas veces no nos damos cuenta, pero ya en el trabajo, uno va tomando conciencia”. “En el año 1988, cuando iniciamos éramos 53 propedeútas, de los cuales 7 nos hemos ordenado y actualmente 3 ejercemos el ministerio. El diaconado lo recibimos 12 el 27 de julio de 1995, a los 400 años del SCSC, de los cuales muchos quedaron al margen”.
Ya van entre 16 y 17 años que ha estado trabajando en el Seminario, por donde han pasado más de mil jóvenes, de los cuales, sesenta ya se han ordenado sacerdotes. Allí se ha dado cuenta que la vocación es un regalo que hay que cuidarlo como una planta: regarlo, podarlo y hacerlo desde Dios y no desde lo humano.
Otro regalo que agradeció fue la vida, en la presencia de su madre, que fue como su hardware y su padre que fue como su software; por lo que en los momentos más difíciles fue en su familia donde pudo recomenzar; pero eso no significa menoscabar la familia sacerdotal en el presbiterio, por lo que agradeció a ambos.
También agradeció a la Iglesia como madre que le ha parido, por eso con tristeza dijo: “no entiendo cuando un seminarista, un sacerdote o ve un obispo pueda hablar mal de la Iglesia”; pues para él todo su estudio lo hizo a la sombra de la Iglesia, que es ese don, ese instrumento que Dios ha dado para salvar la humanidad.
2. Comentario sobre la experiencia de su ministerio sacerdotal
Desde que egresó del seminario ha dedicado su vida a la formación sacerdotal en el Seminario, por eso, la razón de su ser y hacer sacerdotal ha sido la formación sacerdotal. Desde seminarista en formación tuvo como prioridades la familia, por ser la célula básica de la sociedad, la Iglesia doméstica y el lugar más sagrado de la vida humana, asimismo, la formación del clero diocesano nativo, la razón por lo que dedica su servicio pastoral en el Seminario Mayor Nacional “San José” en Cochabamba. Le interesa dignificar y cualificar la formación del clero boliviano, dado que el sacerdote no sólo es importante para la Iglesia sino también para la sociedad.
También confesó que su sacerdocio lo vive con pasión, por ello, afirmó con convicción que si volvería a nacer, no dudaría a volver ser presbítero, por servir a la humanidad que es la pasión de Cristo.
Respecto a las dificultades se dio cuenta que las fuerzas para superarlas no vienen de uno mismo, sino que es el mismo Señor que va poniendo delante de nosotros, para ayudarnos a profundizar y purificar nuestra opción de vida a estilo de Jesús el Buen Pastor. También reconoció que su familia, la universidad y el seminario han hecho todo para su formación; pero también la vida con los golpes y el trabajo le siguen formando cada día, y que es ante el crucificado donde puede comprenderlos.
Finalmente instó a todos a agradecer a Dios por el don de la vocación y por lo que va a significar este segundo semestre, para que Él (Señor) sea el protagonista en nuestra vida personal y comunitaria, hacer amistades duraderas al estilo de Jesús, el amigo que nunca falla.