viernes, 12 de agosto de 2011

Estudiar Filosofía, ¿para qué? (Gonzalo Bengolea)

La pregunta inicial y obligatoria para responder a esta aporía fundamental en la vida del seminario es ¿Cuál es el sentido que tiene el estudio de esta disciplina del conocimiento para un seminarista como futuro presbítero?
Antes de cualquier argumentación que queramos realizar, debemos tratar de entender ¿Qué es la filosofía? Dirigiéndonos a la raíz etimológica de esta palabra, encontramos su origen ya en el idioma griego, en que la palabra Fhilos=amor a; y Sophia=sabiduría, nos dan una definición como “amor a la sabiduría”. Otros definen filosofía como “el ejercicio de la razón para buscar la verdad, los principios o fundamentos de las cosas”. En fin, si quisiéramos analizar la definición de filosofía, abarcaríamos varias páginas y nos desviaríamos del tema central de este artículo. Quedémonos con la primera definición: amor a la sabiduría.
Trataremos de responder ahora cuál es el sentido del estudio de la filosofía para un seminarista en formación hacia el sacerdocio. Partimos de la siguiente pregunta ¿para qué estudiar 2 o 3 años de filosofía, si después debemos estudiar otra disciplina como la Teología? ¿Se relacionan en algo estas dos ciencias del saber? A simple vista, no, pero ya explicaremos el vinculo que tienen.
El ser humano como tal, siempre se ha preguntado por el sentido, y origen de las cosas que lo rodean. Ya Aristóteles decía en el libro primero de la metafísica “todo hombre, por naturaleza desea saber”. Quiere saber porque los fenómenos se dan de tal forma y no de otra, pero por sobre todo le interesa cuestionarse por la existencia del ser superior, que crea todo y que da movimiento a nuestro mundo: Dios. Aristóteles dirá también que “toda filosofía es teología”, puesto que por medio de la razón, también podemos llegar a Dios.
Ya en la edad media, surgen dos frases, con carácter de sentencia respecto a la filosofía y la teología para la formación, sobretodo religiosa: “fides quarens intellectum” que traducido a nuestra lengua quiere decir “la fe necesita del intelecto” y “philosophiae anchilla theologia” (la filosofía es  “sierva” de la teología). Estas expresiones no gustaron mucho a algunos estudiosos de la filosofía, puesto que la filosofía siempre fue independiente y no debía someterse a otra ciencia como la teología.
Pero esas dos frases mencionadas, nos afirman que podemos desprender el sentido y utilidad del estudio de la filosofía en la formación inicial para los seminaristas y religiosos. A Dios podemos llegar por dos caminos: por la razón, valiéndonos de la filosofía y por el camino de la fe, que comprende la sagrada escritura y la teología revelada.
El sentido que tiene es más bien práctico que especulativo. Si bien es cierto que a Dios lo demostramos por estos dos caminos mencionados, ya sea por la razón o por la fe; ahora si solo nos quedamos con el ala de la fe, caeríamos en el fideísmo (creer por creer o en términos coloquiales la fe del carbonero), ahora si solo lo hacemos desde la pura razón, caemos en un racionalismo, de un Dios que no es personal, no es un Dios providente y amoroso, sino un Dios que crea las cosas, pero no se vincula con el hombre que el crea, una suerte de “demiurgo platónico que está en el mundo del las ideas o en el hiper uranós”, cuya misión fundamental es ordenar y solo ordenar lo que está en el mundo sin involucrarse en él.
La filosofía tiene también el sentido de entregarnos herramientas, para desarrollar una habilidad que es bastante poco común en la cultura y parámetro en la que vivimos: aprender a pensar, así como también el aporte de esta ciencia, es ayudar a clarificar, depurar y fortalecer la fe, ya sea a nivel personal como comunitario.
Y el papa beato Juan Pablo II, nos dice en su encíclica “fides et ratio” (fe y razón), que  tanto la filosofía como la teología son las dos alas para llegar a la verdad, que es Dios mismo. Es por este motivo que nosotros los seminaristas antes de estudiar la teología, estudiamos brevemente la filosofía, pues como dijimos antes, estas dos ciencias se complementan entre sí.
-Datos tomados del libro. “Filosofía”, de Cesar Tejedor.

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